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Vivir la vida y vivir la muerte. La muerte nos acompaña. Desde el nacimiento, una amiga inseparable. Las dos caras de la misma moneda. Entonces, ¿por qué, generalmente, observamos en nuestro día a día un miedo tan generalizado a morir?

Uno de los principales motivos es el tabú. Excluir a los niños y niñas de los procesos de muerte que se dan a su alrededor sólo ayuda a crear ese miedo, que a veces no saben expresar y que se transforma en somatizaciones, es decir, expresiones físicas de ese sufrimiento interior.

Las recomendaciones son claras. Hablar a los niños y niñas sobre el proceso de vida y sobre el proceso de muerte. Ante una muerte cercana, hablar claramente, sin eufemismos, ni demasiados detalles ni palabras abstractas. Con palabras muy sencillas y adaptadas a la edad y evitando frases como: “está en el cielo o se ha ido de viaje”, que pueden provocar en los más pequeños y las más pequeñas sentimientos de incomprensión y abandono, o “murió durmiendo” ,  “estaba enfermo”,  ya que las niñas y niños hacen asociaciones muy rápidas y pueden desarrollar miedos a cualquier enfermedad (y no todas ellas llevan a la muerte) o incluso miedo a dormir.

Es muy importante dar a las pequeñas y pequeños la información que quieran tener. Siempre atentas a la información que nos piden. Ofreciendo la información cuando la demanden, preguntándoles antes de hacer.

Incluir en las escuelas un buen programa sobre la muerte y el duelo nos ayudaría a entenderla desde una perspectiva más humana, tranquila y con la aceptación que precisa. Vivir la muerte con plenitud, con conciencia plena (una vez más, ¡también en la muerte!).

El duelo es único en cada persona, cada uno vive la pérdida a su manera, pero de manera global nos vamos a encontrar con fases y manifestaciones que se repiten en las personas tras la pérdida. Conocerlas nos ayuda a avanzar en el proceso de duelo. Formar a nuestras hijas e hijos en los procesos que de forma natural van a aparecer en sus cuerpos y en sus vidas, es tan importante como aprender inglés, música o practicar deporte. Pero no lo contemplamos como una opción a la hora de elegir la mejor formación para los más pequeños y pequeñas. Es en nuestras emociones donde se contempla nuestra humanidad, y la vida y la muerte son emociones.

Vivir la vida y vivir la muerte