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Como mamás y papás, tenemos un papel muy importante a la hora de regular emocionalmente a nuestr@s hij@s, ya que ell@s no tienen la capacidad de autorregulación desarrollada y necesitan ese cerebro externo que lo haga. Así pues la madre tiene un papel regulador regulador psicobiológico externo del sistema del niño o niña. La teoría que vamos a explicar a continuación, ayuda a los progenitores a ver la importancia del cuidado emocional hacia nuestr@s hij@s. Esta teoría se denomina la teoría de la regulación.

 

Empezaremos explicando qué es la resiliencia, que se define como la resistencia de un cuerpo a la rotura por golpe, la acepción psicológica se refiere a la capacidad para afrontar la adversidad y lograr adaptarse bien ante las tragedias, los traumas, las amenazas  o el estrés. La resiliencia es una aptitud que se va desarrollando a raíz de la calidad de las relaciones que hemos mantenido durante nuestra crianza, en el vínculo seguro que la cría mantiene con su madre, que es aquel que ofrece a la niña la protección necesaria cuando tiene miedo, calma ante la angustia y permite la exploración del mundo cuando la niña o el niño ya se siente segur@.

 

Unas de las habilidades básicas que todo ser humano ha de aprender es la regulación de su propio organismo, de sus propias necesidades. Hablamos de regulación emocional, ya que las emociones son cualidades psicológicas que reflejan los estados del cuerpo, e informan del bienestar o malestar del infante en relación con su mundo interno ( necesidades ) y el mundo externo (relaciones con otros seres humanos y en general el entorno). De bebé, no tenemos todavía la capacidad para cuidarnos y calmarnos. Los y las bebes no son conscientes de lo que les pasa ni de lo que necesitan; y no pueden hacer gran cosa por satisfacer su necesidad. Todo lo que saben hacer es llorar como su manera de informar al mundo de que algo está mal. Y necesita de alguien que sepa responder a su llamada.

 

Las madres saben distinguir los distintos tipos de llanto del niño. Esta madre emocionalmente inteligente responderá, acude a la llamada y hace algo efectivo que encaja con la necesidad de su cría. Así es como cuando eres bebé, recuperas tu estado de bienestar, tu satisfacción y calma interna. Cuando este proceso se hace de manera adecuada y efectiva de forma sistemática, estable y predecible, esa personita bebé va aprendiendo que puede “confiar en otras personas”, que sus necesidades “son importantes”, que está bien pedir y que como ser humano es digno y valioso. Y así, va conformando su identidad positiva: se siente bien en el mundo, importante, querid@ y cuidad@, aprende a consolidar un sentido de optimismo, ilusión y esperanza, porque aprende que puede esperar bienes del mundo externo y que recuperará su bienestar.

 

En estas interacciones en el desarrollo temprano l@s más peques experimentan en su cuerpo que la proximidad ante otro ser humano es reconfortante y agradable, aprende a relajarse y calmarse y aprende a confiar tanto en las señales de su mundo interno (mis necesidades son importantes) como en las otras personas (los otros son confiables).

 

Con el tiempo va adquiriendo la madurez neurobiológica necesaria para aprender a tolerar niveles mayores de malestar, y si el maternaje ha sido consistente y predecible, aprende que a veces ha de esperar porque su madre está ocupada, pero que en algún momento vendrá y le atenderá, así es como se crea este vínculo seguro. También van desarrollando la capacidad de interiorizar la existencia de su mamá y poder sentirse de forma tranquila aunque no la veamos. Esto es lo que va a conformar nuestro sentido de seguridad interna, y también refleja el establecimiento de nuestra capacidad para saber calmarnos a nosotr@s mism@s, ya que la niña o el niño va aprendiendo a hacer consigo mism@ lo que las personas adultas han hecho con él (internalización de la persona cuidadora). La habilidad de regulación emocional comienza siendo siempre interpersonal (entre personas); es regulada desde el exterior por alguien que sabe hacerlo. De alguna manera, la madre pone a disposición su conocimiento, habilidades e instinto maternal a disposición de su peque, que aún no tiene conocimiento ni conciencia.

 

Podemos decir, pues, que el estado interno y la bioquímica del o la bebé es regulada por la madre. Ya que ésta le calma y le ayuda a recuperar su equilibrio homeostático a través de sus buenos cuidados tanto físicos como emocionales y psicológicos.  Las personas adultas que no han tenido esta experiencia de una figura cuidadora estable y que no saben responder a sus necesidades, es posible que cuando pasen a la edad adulta, pueden acudir a fármacos o diversas adicciones para calmar su dolor y vacío interno.

 

En ocasiones, la persona adulta que cuida, puede sentirse realmente estresada y ansiosa, o triste o deprimida por diversos factores vitales. Es importante tener en cuenta que las y los bebes y niñ@s, pueden sentir las emociones, el ritmo cardíaco, la tensión muscular y los gestos de miedo de los mas grandes. Estas experiencias pueden generar mucho miedo y estados emocionales muy altos o muy bajos o inestables en el sistema de l@s más pequeñ@s..

 

Agredir, evitar la mirada, robar, acaparar, desafiar, chuparse el dedo, mecerse e incluso las conductas autolesivas son realmente intentos de regular estos estados emocionales. Cuanto más utilice estas estrategias la niña o el niño para regularse a sí mism@, mayor será la posibilidad de que se convierta en una persona adulta con dificultades más duraderas para regularse. De hecho, hoy en día, es bien conocida la transmisión intergeneracional. Las personas  cuidadoras que han crecido con padres o madres con problemas de regulación pueden tener dificultad a la hora de regularse ellas mismas.. Con todo esto en mente, para ayudar a tu hij@ a desarrollar maneras más sanas de encontrar el equilibrio. Tenemos que ofrecerle a diario experiencias interactivas que puedan ayudarle a sentirse regulado (las más importantes el afecto y el cariño). Para poder ofrecerle estas experiencias a tu hijo o hija, es importante trabajar para sintonizar tu propia regulación.

 

La importancia del cuidado emocional