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Pensar es bueno. Es bueno cuando decides cuando, y en qué quieres pensar. Para muchas personas, esta elección, se convierte en algo mágico, la panacea de la tranquilidad. Cuando en consulta proponemos aprender a gestionar el flujo de pensamientos o la manera en que operamos con ellos, muchas veces nos encontramos con frases como: ¡eso es imposible!, o ¡yo no soy capaz!
Pero es posible, y eres capaz. Puedes conseguir no darle mil vueltas a esa conversación, no imaginar que le dirías si estuviera delante… que tendrías que haber dicho y no dijiste…. En definitiva dejar de lado los pensamientos en bucle y repetitivos que no te sirven más que para hacerte daño y perderte en el tiempo.
Solo necesitas entrenarte. Subir una gran montaña puede convertirse en un gran reto, que necesita de entreno. Igual pasa con tu mente. Si la entrenas día a día, pensamiento a pensamiento, consigues calmar el flujo y sentir más serenidad.
Algunos truquillos para empezar a practicar:
• Toma conciencia de tus pensamientos. Observa como vienen y que sueles hacer con ellos. ¿Qué patrón sigue tu mente? ¿Cuánto rato estoy dentro del pensamiento cuando viene?
• No elijas no pensar. Si te digo no pienses en un elefante rosa, es difícil que la imagen no te venga a la cabeza. El truco no está en decir: No quiero pensar en ello. Elije aceptar que el pensamiento viene, y elije no enzarzarte en él. Viene, soy consciente, decido que en este momento no voy a desmigar ese pensamiento, y centro mi atención en el momento que vivo (en mi cuerpo, en los estímulos que me envía el exterior…)
• Centrarse en la actividad presente. Sentir el cuerpo en la actividad que hago. Si friego platos, me centro en el agua y el jabón, en las formas. Si estoy en la ducha en los olores, el tacto. Si estoy simplemente sentada puedo centrarme en mi respiración. Te centras en vivir ahora.
• Si el pensamiento no te lleva a nada positivo, elige no volver a trincharlo. Otro truco, es cambiar ese pensamiento por otro maravilloso. Puedes elegir una imagen bonita y cambiarla cuando venga tu pensamiento negativo. Respira profundamente y vuelve a tu vida, que está aquí y ahora. Ni en el pasado ni en el futuro.
• No te enfades con tu mente. Está muy acostumbrada a darle mil vueltas a mil pensamientos. Mientras más piensas mas fuego le añades a la hoguera y por tanto más grande es el fuego. Tu hoguera mental no ha parado de crecer en todos estos años. Si poco a poco dejas de añadir troncos el fuego irá disminuyendo. Llegaras a sentir la calma de un lago sereno.
• Busca momentos para pensar conscientemente. Hay cosas que hay que pensarlas. Pensar es maravilloso si lo hacemos cuando queremos, donde queremos y el rato que queremos. Elige un momento y piensa sobre esas cosas que te apetece pensar.
• No te canses de practicar. Al inicio puedes agotarte. Persiste, sigue ensayando, porque en poco tiempo verás que la cantidad de veces que vienen esos pensamientos, empieza a disminuir

¡Elegir tu manera de pensar, es posible!

Ana Pilar Ros

Pensar en bueno… ¡si quiero pensar!