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Los niños experimentan miedos muy variados a lo largo de su desarrollo. La mayoría son pasajeros, de poca intensidad y propios de una edad determinada: son los miedos evolutivos. Estos son saludables, porque brindan la oportunidad de aprender a afrontar situaciones difíciles y estresantes con los que ineludiblemente todos tendremos que topar.

Sin embargo, hay otros miedos que no remiten espontáneamente, sino que perduran. Estos temores se convierten entonces en un problema, porque interfieren en el funcionamiento diario de los niños y sus familias.

Ante el miedo a la oscuridad a la hora de irse a dormir, es interesante darnos cuenta que el momento de acostarse coincide con el cese de la diversión (y el fin de una serie de actividades agradables para los niños) y el comienzo de otras menos atractivas. Muchas veces la hora de acostarse supone dejar de jugar, de ver la TV, de estar con los mayores… es decir: separarse de los padres para quedarse solo en una habitación oscura.

El temor a la oscuridad se asocia con miedos distintos: separación, soledad, seres imaginarios y malvados, daño físico…  Ante todo esto, los padres podemos llevar a cabo algunas conductas útiles, como por ejemplo, enseñar a utilizar estrategias al niño/a como la relajación o la imaginación: les enseñamos a imaginar cosas positivas y agradables (de modo que sea incompatible con el estado displacentero del miedo).

Si, por ejemplo, protestan al apagarles la luz, se reduce progresivamente la intensidad mediante un regulador eléctrico o por medio del grado de abertura de la puerta de la habitación.

Establecer rutinas para acostarse ayuda. Hay que asegurarse de que a la hora convenida el niño no experimente hambre, sed, empacho, cansancio excesivo, o ganas de ir al baño. Conviene acostumbrarse, a diario, a la misma pauta antes de ir a dormir. Los rituales para ir a dormir promueven la adquisición de hábitos de sueño saludables y proporcionan seguridad y relajación. También podemos leer algún cuento antes de acostarle que le ayude a descansar.

Por último: enfrentad al miedo como si fuera un juego! Jugad con la imaginación. Hay muchos juegos infantiles que podéis hacer en la habitación para tratar los miedos a la oscuridad: el escondite con la luz apagada (proporcionando alguna guía verbal para que el niño/a os pueda encontrar, primero dejando que os atrape fácilmente y después, de forma progresiva, que vaya tardando más tiempo en capturaros). Jugad a encontrar el tesoro escondido, con la luz del dormitorio encendida y los ojos vendados (el niño o la niña tiene que buscar una sorpresa escondida para después sacarla al pasillo y ver qué és). Haced sonidos de animales, con la luz del dormitorio apagada, dejando que los niños se acuesten en la cama y que escuchen con atención los sonidos de animales que los padres hacen des del pasillo. Haced sombras de siluetas de animales en la pared, con la luz apagada y una linterna…

Dejad volar la imaginación! Los niños os lo agradecerán y de esta manera proporcionaréis un ambiente más agradable a la hora de dormir. Habrá más probabilidades que descansen plácidamente y menos que se desvelen asustados.

por

Mariona Alier.

Miedos, la oscuridad y la hora de irse a la cama