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Cuando pensamos mucho en nuestras preocupaciones y no paramos de hablar de ellas, lo que estamos haciendo es ayudarlas a crecer, (lo mismo que pasa con una tomatera si la cuidamos y la regamos). Por el contrario, si no cuidas la tomatera;  no la riegas y no te ocupas de ella pronto empezará a marchitarse y acabará secándose. Lo mismo pasa con las preocupaciones: si no gastamos mucho tiempo en ellas empezarán a hacerse cada vez más pequeñas hasta desaparecer.

Si eres una persona que se preocupa mucho por cosas pequeñas puedes intentar poner un tiempo al que llamamos: la hora de preocuparse. Durante este tiempo, que durará unos 15 minutos, podrás pensar todo lo que quieras en tus preocupaciones. Hay sólo una norma muy importante, si alguna preocupación intenta molestarte en cualquier otro momento del día, deberás evitar pensar en ella o hablar de ella hasta que sea la hora de preocuparse.

Si una preocupación se mete en tu cabeza y no es la hora piensa en una caja fuerte. Cierra los ojos para que puedas imaginar cómo es esa caja; tiene que tener una tapa y una cerradura muy segura. Después, tendrás que pensar que metes tu preocupación en la caja y la cierras completamente. Ya sabes que podrás pensar en tus preocupaciones cuando sea la hora, pero por el momento déjala encerrada en la caja y ocúpate de otra cosa. Es posible que a veces te cueste esperar, pero es lo mejor porque hablar sobre las preocupaciones una y otra vez o contestar a cada pregunta que se te ocurre sobre el tema es como estar todo el día regando la tomatera. Lo único que se consigue es que las preocupaciones crezcan mucho más.

Cuando aprendemos a guardar las preocupaciones en la caja hasta la hora de preocuparse ocurre algo muy interesante. Al principio, nos parece que no podemos esperar hasta la hora acordada, porque tenemos muchas cosas de que hablar y tenemos que hacer un gran esfuerzo porque las preocupaciones vienen una y otra vez a nuestra mente y tenemos que luchar mucho para conseguir volver a meterlas en la caja. Nos tendremos que repetir en más de una ocasión: tengo que esperar a que llegue la hora de preocuparse; pero pronto nos daremos cuenta de que cuando llega la hora de preocuparse, algunas de las preocupaciones ya han desaparecido por sí solas. Cuando abrimos la caja imaginaria vemos que no está tan llena como pensábamos. Algunas preocupaciones desaparecen al no prestarles tanta atención.

La hora de preocuparse