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Podríamos decir que una madre o un padre con frustraciones de la infancia, puede llegar a  usar a su hijo o hija en un intento de llenar sus necesidades insatisfechas. 

Tanto los niños como los adolescentes tienen necesidades emocionales; sentirse amados, en un entorno seguro, sentir aprobación, sentirse independiente y con control de sí mismo y de su ambiente, pero principalmente sentirse apreciados y valorados.

Si la persona adulta no se sintió adecuadamente amada, segura, protegida, apreciada, valorada, aceptada y respetada antes de tener un hijo o hija, puede tratar de usar al niño o niña ( y luego al/ a la adolescente) para llenar sus necesidades.

Para cubrir esas necesidades insatisfechas de respeto, la persona adulta podría tratar de demandarles a sus hijas e hijos que la respeten. Para cubrir las de sentirse amada, la madre o el padre podría tratar de manipular a su hijo/a para que haga lo que ellos consideran actos de amor. Para cubrir esas necesidades insatisfechas de sentirse apreciada/o, la madre o el padre podrían tratar de malcriar a su hija o hijo, o podrían recordarles constantemente todas las cosas y todos los sacrificios que hacen por él o ella.

Es imposible que un hijo o una hija cubra las necesidades emocionales insatisfechas de los padres durante la infancia y adolescencia. Un infante no puede ser la persona que satisfaga las necesidades. Este es un claro ejemplo de roles invertidos.

Un niño o niña en esta situación se siente abrumado/a, enfrentando una carga imposible, y aun así trata de hacerlo lo mejor que puede para hacer lo imposible. Los adolescentes también habrán aprendido que es imposible hacer feliz a su madre o padre. No importa lo que hayan  hecho para tratar de hacerles felices, nunca es suficiente. Entonces empiezan a sentirse fracasados y eso destruye la autoestima.

El comportamiento no adecuado de la persona adulta causa daños emocionales y afecta el sentido del yo del niño o niña. Esto incluye a los progenitores que pueden ser abusivos (verbal, físico o sexualmente) o bien son negligentes con las necesidades emocionales de sus hijos e hijas.

Estos patrones están tan establecidos que a menudo se siguen llevando a cabo en la vida adulta del hijo o hija. A menudo permanecen no reconocidos ni reconducidos.

¿Frustraciones de mamá y papá reflejadas en las peques?