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Estas fiestas tienen un denominador común para los más pequeños: la magia y la ilusión con la que las esperan. Sin embargo, esta magia e ilusión puede transformarse, con el peligro de romperse en determinadas circunstancias, por ejemplo, ante la muerte de un familiar querido.

El duelo es la manifestación externa de la pérdida. Es todo lo que hacemos a su alrededor: los ritos, las costumbres que lo envuelven… El dolor es la manifestación interna de la pérdida. Es un proceso, un camino que no termina un día determinado, un viaje individual e intransferible. Un viaje con días buenos y días malos.

Desde pequeños nos dicen que los días de fiestas son días que pasamos con nuestros seres queridos. Son fechas que compartimos con los demás. ¿Cómo podemos hacerlo, si estos seres queridos han muerto? Todos estamos de acuerdo en que estas fiestas son fechas especialmente relevantes, donde más echamos de menos a los que faltan.

Para los adultos, experimentar un proceso de duelo reciente ante estas fiestas conlleva muchas veces un sobreesfuerzo. No quieren romper la ilusión de los más pequeños, pero a menudo se ven sin fuerzas para sobrellevarlo todo. Los días festivos magnifican nuestras pérdidas y el mundo pierde las cosas que valen la pena celebrar. Los pequeños son vulnerables y perciben estas reacciones.

Como adultos es necesario, ante todo, tener tiempo para nosotros mismos con tal de resolver todas las dudas e inquietudes que nos vengan a la cabeza. Es evidente que para poder ayudar a los más pequeños se necesita primero estar bien con uno mismo y aprender a cuidarse y buscar espacios propios para sobrellevar el dolor.

La muerte es una crisis que deben afrontar TODOS los miembros de la familia. El duelo infantil existe. Los niños necesitan hablar de la muerte y procesar su significado.

Hay un mito en nuestra sociedad: «proteger a los más vulnerables», que se traduce en muchos casos en proteger a los más pequeños. O, en otras palabras, excluir a los niños y niñas del tema de la muerte con la intención de protegerlos. Pero una cosa es segura: los niños tienen que vivir la pérdida y elaborar también su propio duelo. Debemos aprender a pasar de la ausencia del significado, al significado de la ausencia.

Hay tres cosas que necesitan los niños: apoyo, cuidados y continuidad.

No nos damos cuenta de la cantidad de fiestas y aniversarios que hay hasta que tenemos una pérdida. Después de una muerte todas estas fiestas adquieren un significado especial y nuevo. Un significado más intenso. La alegría es, muchas veces, sustituida por un sentimiento de pérdida.

Para poder ayudar a los niños en estas fiestas debemos dejar el canal de comunicación abierto. Debemos dar la opción a los hijos de poder hablar del tema de la muerte, que puedan expresar lo que sienten y lo que piensan, sus temores y sus inquietudes (si algo va a cambiar, que harán en estas fiestas…). Lo que los niños necesitan es saber que podrán hablar con los mayores, y que éstos estarán para resolver, en la medida que se pueda, sus dudas. Debemos de tener en cuenta que su diálogo no será una sola vez, necesitan tener varias conversaciones, a lo largo de varios días, meses e incluso años: los niños crecen y también crece su forma de entender el mundo y el concepto de la muerte.

Se ha visto que los niños que mejor sobrellevan los duelos tienden a proceder de familias donde la comunicación sobre la persona fallecida era más fácil y donde se producían menos cambios en la vida cotidiana. Démosles pues, como adultos, la oportunidad de sobrellevar la pérdida.

La verdad es importante para el niño. Hay que evitar fingir nuestras emociones y evitar aparentar como si nada (como si el fallecido aún estuviera aquí). Si mientras hablamos con los pequeños tenemos ganas de llorar, lloremos. Los niños aprenden según lo que vean en su entorno más cercano. Evitar mostrar sentimientos es cerrar la puerta hacia la expresión emocional del duelo.

Aunque estemos mal, es importante para los más pequeños continuar con las celebraciones. Los niños encuentran tranquilidad en las rutinas.

Estos días de fiestas nos pueden proporcionar un momento para revisar las tradiciones y decidir qué queremos continuar o qué queremos cambiar. Debemos tomar estos días como una reorganización. Podemos intentar hacer algún cambio: evitar las sillas vacías en la mesa, si hace falta podemos modificar distribuciones o la decoración, elegir entre todos cosas nuevas, nuevos rituales, etc.

Encontrad vuestra manera. Haced simplemente aquello que os haga sentir bien. No hay una sola manera de celebrar estos días de fiestas. Cada uno decide cuál es la manera que se adapta más bien a sus necesidades.

A veces los más pequeños necesitan maneras de recordar al fallecido. Hay algunas actividades familiares que podéis hacer en estos días. Por ejemplo: elaborar un «libro de recuerdos» donde los hijos puedan colocar dibujos, relatos, fotografías y otras cosas que reflejen la persona fallecida y los sucesos que el niño ha compartido con esa persona.

Los adultos también pueden integrar la pérdida otorgando un momento y lugar. Encontrad vuestra manera de recordar: simbolizar al ser querido con un simple gesto o un ritual nos puede ayudar a reconocer que el fallecido continúa ocupando un lugar en nuestro corazón.

Recordad: estar presentes es más importante que saber qué decir.

 

Mariona Alier.

El duelo infantil en estas fiestas