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¿Cuántas veces nos ha pasado que, a raíz de un punto de vista diferente con una persona, un pequeño despiste con alguien, una mala palabra (sí, aceptemos que de vez en cuando las pueden haber) se han derivado un conjunto de reproches, voces y gritos que han terminado en dramas? Esto es exactamente lo que llamamos una DISCUSIÓN CON LEVADURA: una discusión que inicialmente era pequeña (y normalmente sin importancia) y a la que hemos ido añadiendo otros elementos que, igual que la levadura, han hecho subir la magnitud del problema. Finalmente: el pastelazo. Una lástima.

Discutirse es normal, es hasta sano. Siempre y cuando se haga des del respeto, la calma y la serenidad. Hoy nos proponemos daros algunas pautas para aprender a discutir. Sí, discutir.

Cuando discutimos es importante centrarse en lo que está sucediendo en el momento presente, en este mismo momento: AHORA, ni en lo que ha sucedido anteriormente ni en lo que anticipamos que puede suceder.

Es muy importante fijarnos si las circunstancias que nos rodean son favorables para la discusión:
¿Hay terceras personas cerca ajenas a la discusión? Es mejor discutir únicamente con la persona implicada para evitar posibles extensiones de la discusión por la intervención de otros.
¿Estamos demasiado alterados o alteradas? Un buen autochequeo previo para ver nuestro grado de activación puede ayudarnos a decidir si continuar en ese momento o aplazarlo. Discutir en frio es mucho más saludable.
¿Vienen a mi mente pensamientos exagerados y, a menudo, inventados que refuerzan mi rabia? A veces la mente nos juega malas pasadas que no ayudan a quitarle hierro al asunto, más bien lo contrario. Si detectamos pensamientos negativos que no son 100% ciertos, es mejor dejar de discutir, estos pensamientos son una buena pista para seguir en otro momento.
¿Estoy reprochando o quejándome? Muchas veces lo hacemos al discutir y, o bien está fuera del tema o bien lo hacemos como forma de defendernos movidos por la rabia. ¡¡¡Cuidado!!! Lo puñales verbales pueden hacer mucho daño. A veces en la consulta reflexionamos con los pacientes: ¿cogerías un cuchillo y empezarías a rascarle en el brazo a tu pareja/madre/hermano… hasta hacerle sangre, y seguirías ahondando con el cuchillo en la herida? La respuesta suele ser un NO rotundo. Entonces, ¿por qué hacerlo verbalmente? Fijaros bien, y os daréis cuenta de la facilidad que tenemos los humanos para hacer comentarios que más que aumentar la armonía crean un clima tenso y desagradable.

Por último, es importante utilizar el viejo truco de contar hasta diez. La sabiduría popular a veces es muy sabia. Si recibes una frase dolorosa, que está fuera de tono o que por cualquier motivo te hace daño, cuenta hasta diez antes de contestar. La respuesta puede ir enfocada a explicar la emoción que ha despertado en ti, y a exponer qué no te ha sentado bien o no te ha gustado. Algo así, como: <me he sentido muy triste cuando has dicho eso>. O, <siento mucha rabia cuando me dices cosas así>. Intentando enfocarlo a lo que sentimos.

El pastel de la discusión sin levadura nos regalará un sabor mucho más constructivo, lleno de aprendizajes y crecimiento personal; y nos ayudará a mantener más fuertes, estables y armoniosas las relaciones con los demás. ¡Prueba a quitarle la levadura!

Ana Pilar y Laia

Discusiones con levadura