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Vivir los momentos más oscuros con plenitud nos abre un abanico de posibilidades para crecer. Sin lucha, con aceptación y conciencia. Sentir lo que no nos gusta, lo que nos asusta, nos empodera en esta vida.
Cuando nuestro cuerpo nos envía señales, es importante escucharle. Es importante hacerle caso. Tenemos que mimarle. Los síntomas de ansiedad no son más que avisos que recibimos de nuestro propio cuerpo. Mirar hacia otro lado, distraernos sin enfrentarnos, solo provoca que la ansiedad llame a la puerta mas fuerza. Toc, toc, soy la ansiedad y estoy aquí porque quiero avisarte de que tu cuerpo es importante. Baja de la mente y ven conmigo.
Aflojar las luces, sentarse sola y estar atenta a las sensaciones que nos envuelven. Abrazarla, sentirla, estudiarla con detenimiento. ¿En qué parte del cuerpo la siento? ¿Cómo es? ¿Qué intensidad tiene? ¿Cuánto tiempo dura? Hasta que se vaya, porque ésa es la buena noticia, se va. Puede durar más o menos, pero cuando entramos en ella, con ella, paradójicamente, podemos ver el final.
Y después, la calma. Momento de reflexión. Ahora sí podemos trabajar qué cambios necesita nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestra vida, para que la ansiedad afloje su llamada. Pero antes debemos abrazarla y aceptarla como parte de un proceso que es nuestro y únicamente nosotras con nuestra atención podemos vivirlo. Y como siempre, extraer una pequeña y dulce experiencia positiva que aparece después de cada momento de oscuridad vivido plenamente.
Ana Pilar Ros García

Abrazar la ansiedad